Museo Histórico y Etnológico de Campillo de Altobuey

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Si lo visitas pasarás un rato agradable mientras conoces algunos datos de nuestra historia y contemplas objetos curiosos pertenecientes a otras épocas, a oficios y actividades agrícolas o domésticas, ya desaparecidas muchas de ellas, pero que aún resultan entrañables. Seguramente avivarán tus recuerdos o, quizá, te ayuden a conocer la peripecia vital de las gentes de este pueblo y de su comarca, la Manchuela conquense.

Este es un museo realizado sin grandes medios, sencillo, pequeño, es un museo “con encanto”, en el que han vertido altas dosis de entusiasmo y generosidad las instituciones de Campillo (Ayuntamiento, Parroquia, asociaciones culturales…) y los particulares que lo han hecho posible. Queremos que sea algo vivo, dinámico, cuya colección siga aumentando con las donaciones de piezas y las aportaciones que nos quieran hacer llegar, queremos que sea un centro cultural que mejore constantemente su presentación, que se convierta en un instrumento de aprendizaje para los escolares y que contribuya al ocio y la cultura de todas aquellas personas que quieran visitarlo.

Ubicación: El convento agustino-recoleto de Nª Sª de La Loma

Antes de describir el contenido del museo, queremos recordarte la importancia del continente, es decir, del edificio donde se halla ubicado este museo: el Convento de Agustinos Recoletos de Nuestra Señora de La Loma, un edificio singular del mejor barroco conquense. Este convento y santuario de la Virgen de La Loma es una fundación municipal del año 1680 en que empieza a funcionar como hospicio u hospital para caminantes y peregrinos, arrieros, postillones, mesteños y viajeros que transitaban por el antiguo Camino Real de Madrid a Valencia o se movían por la Cañada del Reino de Valencia para ganados del Honrado Concejo de la Mesta, desde la Serranía conquense hasta las tierras de la Albufera de Valencia.

Diez años después, en 1690, comienzan las obras de este edificio, levantado sobre una antigua ermita medieval dedicada a la Virgen de los Ángeles, obras que concluirán con la consagración de la iglesia el día 8 de septiembre de 1712. Veintidós años de trabajo tuvieron como resultado este convento de estilo barroco, con una fachada pétrea de buen sillar escuadrado, austera, pero con una decoración interior muy recargada de yeserías y elementos simbólicos que nos hacen pensar en el barroco andaluz. Y esto es así porque el convento perteneció a la Provincia Agustina de Andalucía, junto con los conventos de El Toboso, Almagro, Sevilla, Granada, Luque y Santa Fe, de la que el convento de Campillo es la última fundación, llevada a cabo mediante autorización expresa del rey Carlos II. De Andalucía vino su autor, el fraile agustino arquitecto Fray Pedro de San José (o Pedro Ocaña), quien permaneció como prior durante varios trienios para poder llevar a cabo la construcción. El convento estuvo activo hasta la desamortización de Mendizábal en 1835, fecha en la que la huerta que lo rodea y el edificio conventual pasaron a manos de particulares, sufriendo su claustro una de las más curiosas transformaciones que se puedan imaginar al ser convertido en plaza de toros, inaugurada en septiembre de 1912. No ocurrió lo mismo con el templo, que no llegó a desamortizarse porque seguía teniendo culto, se enterraba en las fosas de sus capillas y era un importante centro de peregrinación y santuario donde se rendía culto a la Virgen de La Loma por las gentes de Campillo y de otros pueblos de su comarca.

Vale la pena que prestes un poco de atención a este edificio. Admira su monumental retablo y contempla los detalles y las escenas que aparecen en los relieves de la predela, tablas que fueron robadas en el año 1979 y han sido restauradas hace unos años después de su recuperación por la Guardia Civil..

Entrada al museo (antigua capilla de Nuestra Señora de la Soledad)

Se accede al mismo por la puerta y escalera abierta en la capilla que estuvo dedicada a Nuestra Señora de la Soledad, de cuya imagen y ornato nada queda al ser destruido todo en la pasada guerra civil.

En la capilla habrás visto unas lápidas romanas, que por su tamaño y peso se ha preferido dejar ahí, una de las cuales es muy curiosa, pues tratándose de una estela funeraria romana, fue transformada siglos después en una pila para lavar la ropa.

Hay un rulo para preparar la era donde se realizaban las labores de la trilla, así como una estela o lápida mortuoria realizada para recordar a un campillano fallecido en un fatal accidente el siglo pasado. Son estas últimas piezas citadas labores de los picapedreros de Campillo, hechas en piedra roja pudinga de El Enebrar, un paraje del término local. En el pueblo, cuyas calles te invitamos a recorrer,  podrás contemplar dinteles pétreos labrados también a lo largo del tiempo por los picapedreros de la población, los que también  fabricaban pilas, brocales, rulos y comederos, entre otras cosas. Es un oficio y labor ya desaparecido en la actualidad, pero todavía existen familias que llevan el apodo de “El Picapedrero”, lo que nos recuerda la existencia de estos artesanos de la labra de la piedra en nuestra localidad.

Sala Primera: Historia de Campillo

En la antesala previa ya puedes ver algunos objetos de interés, como el Arca de Insaculación o Arca de las tres Llaves, usada para la elección de cargos y oficios municipales y para la custodia de los caudales  de la villa de Campillo; o un panel de fragmentos cerámicos cuya antigüedad oscila entre  los siglos XIV y XIX, hallados por los campos y viñedos de la localidad; unas trillas empedradas con dientes de pedernal y unas medias fanegas para medir los cereales.

La colección está instalada en los tránsitos penitenciales. En esta primera sala se ha pretendido dar unas pinceladas sobre el devenir histórico de Campillo de Altobuey. Las piezas con que se inicia el recorrido son vestigios arqueológicos procedentes de hallazgos casuales ocurridos en el término municipal, entre los que pueden destacarse restos ibéricos, lápidas romanas con inscripciones epigráficas (ya incorporadas al CIL o Corpus Inscriptiones Latinarum), pondus, fusayolas, monedas, cerámica, molinos de mano, etc. Siguen restos de cerámica medieval de reflejo dorado y una colección de objetos diversos y variopintos (libros, bordados, pinturas, grabados, herramientas, relicarios…) acompañados de unos paneles fotográficos ilustrativos.

En la estancia del fondo se ha querido recrear una de aquellas escuelas de las primeras décadas del siglo XX, e incluso posteriores, con unos cuantos pupitres de madera que harán sonreír a todos aquellos que aún los conocieron.

La pizarra sirve de pantalla donde se proyecta un audiovisual de corta duración (unos ocho minutos) que recoge noticias históricas sobre la población, el origen y significado de su nombre (Alborch-[Al]Qaballa-Buwayb = “La gran torre de la alcabala del puertecillo”, es decir, la torre donde se cobraba la alcabala por pasar por el puerto seco, o paso entre montañas, a hombres, ganados y mercancías que por allí transitaban) y de esta expresión de origen árabe es de donde procede el nombre actual de Campillo de Altobuey. El sonido intenta recrear la visión de un niño que oye al profesor explicar la historia de Campillo de Altobuey pero a la vez su imaginación oye los sonidos de cada época:

Por Campillo anduvo metido en tratados el rey Alfonso X, el Sabio, y por aquí se alojó y se entretuvo en la caza del jabalí el Emperador Carlos V, de viaje hacia Valencia.

La línea de vitrinas continúa enseñándote otros objetos pertenecientes a la historia y la cultura de Campillo que queremos compartir contigo, como si te abriésemos los baúles de nuestras casas, que no es otra cosa que abrirte nuestro corazón y hacerte partícipe de nuestro cariño. Puedes ver unos mantos de la Virgen de La Loma que ya no se le ponían por deterioro, pero aún hermosos y buena muestra del bordado y devoción de otras épocas.

Hay restos de cerámica valenciana del siglo XVIII procedentes del cementerio de los frailes. Los fragmentos de platos que puedes contemplar corresponden a lo que en Valencia llaman platos de pernoliar, es decir, son los platos que se utilizaban al dar la Extremaunción. Es una costumbre curiosa que te va a llamar la atención: para ungir al moribundo con el Santo Óleo de la Unción de Enfermos, se utilizaban unos algodones o trozos de tela que, al acabar, no debían tirarse a la basura por respeto y no debían ser tocados por persona alguna que no fuera sacerdote. Por esta razón se depositaban sobre un plato como los que aquí ves (y que puedes imaginar completos) y se introducían en el ataúd junto al cadáver.

Fragmentos de cerámica valenciana.

Puedes ver una gran fuente o cuenco decorado de Hellín, cuyos barros imitaron la cerámica de Talavera, hallado en unas obras de restauración del propio convento, y algún ejemplar como este se documenta en el ajuar de la Celda del Prior. Siguen diversas piezas que tienen que ver con las prácticas devocionales de otras épocas, pequeñas capillas de devoción doméstica que iban de casa en casa, escapularios, añales, más libros que pertenecieron a la biblioteca del convento, diversas cajas de lamparillas, varios catres o sillas plegables para ir a las novenas, imágenes de devoción particular, algunas herramientas antiguas que aparecieron en las obras de restauración de las cubiertas del santuario y algunos otros objetos de culto.

Nos vamos a detener destacando el templete o capilla realizada en madera de caoba, de estilo neogótico, un exquisito trabajo de marquetería realizado por un buen artesano con la intención de dar cobijo al santo o Virgen de su mayor devoción. Nosotros hemos puesto una pequeña imagen de la Virgen de los Desamparados, la patrona de Valencia, en homenaje a tantos campillanos que viven en Valencia y a sus hijos, que, aun no habiendo nacido en el pueblo, lo sienten como propio y a él acuden en vacaciones o cuando la ocasión se lo permite. En la parroquia de Campillo tuvimos una imagen de la Virgen de los Desamparados (ahora está en la capilla del cementerio), regalo de todos los campillanos residentes en Valencia como agradecimiento por haber salido ilesos de la tremenda riada de 1957 que asoló la ciudad del Turia.

A lo mejor también te han llamado la atención los añales, esos pequeños bancos que sirven para colocar velas. Eran de uso domiciliario, cuando los velatorios se hacían en la casa del fallecido, o para la fiesta de los Fieles Difuntos, o para los ritos y novenarios de hermandades y cofradías; los había de diversos tamaños, algunos muy grandes.

Sala Segunda: El coro de los frailes

En él falta el órgano, instrumento musical por excelencia de las comunidades monacales y conventuales, y falta también la sillería. El órgano fue destruido en la pasada guerra civil, pero la sillería, sencilla, se conserva y puedes verla en el presbiterio de la iglesia parroquial de Campillo, un importante ejemplo de la arquitectura religiosa del siglo XVI de que dispone Campillo que, te sugerimos que no dejes de visitar. Quedarás gratamente sorprendido.

Volviendo al coro, puedes contemplar desde esa posición privilegiada la nave de la iglesia y su retablo mayor, con columnas salomónicas y detalles decorativos que apreciarás en las fotos y explicaciones que están a tu disposición junto a la celosía.

Una muestra de ornamentos sagrados de los siglos XVIII y XIX nos hablan del pasado esplendor del culto en este convento, donde llegó a haber hasta cuarenta frailes. Dos de esas casullas están bordadas con hilos de seda de colores, a la manera de los mantones de Manila o de la China, de donde es probable que procedan, por el trabajo misionero que desarrollaron los agustinos en las Islas Filipinas. No olvides echar un ojo a las vestiduras para una imagen del Niño Jesús, sobre todo a los pequeños gorros, uno con forma de tiara papal y otro con forma de mitra triangular, donados al museo por particulares y que tienen relación con una tradición extendida por Campillo y la comarca de considerar al Santo Niño como Padre Eterno.

Sala Tercera: El Hogar

Continuando con nuestra visita, vamos a pasar a una habitación en la que se ha querido recrear el ambiente de una de aquellas cocinas de las casas de los pueblos, el lugar donde se hacía la vida, el hogar familiar, el sitio de preparación de la comida y de consumirla, la pieza de la casa más caldeada en el invierno, el único lugar con algo de luz natural, el recinto de las tertulias familiares y vecinales, donde el hombre trenzaba el esparto, la mujer cosía y vigilaba la cocción del puchero al orete de la lumbre y los chicos escuchaban los cuentos y leyendas, las consejas y reflexiones de los abuelos.

Un esbozo de chimenea, los pequeños muebles de que disponían, una alacena provista de las piezas alfareras que necesitaba el ama de casa, un andador para niños, recipientes realizados con paja de trigo o de centeno trenzada (que aquí se llama “paja de encañaura”), unas aguaderas de esparto, un tumbillo o “burro” para calentar la cama, una máquina para hacer los embutidos en la matazón, grandes cazos de cobre y latón para hacer la dulce carne de membrillo y otros utensilios que puedes descubrir por ti mismo, te llevarán al convencimiento de lo mucho que ha cambiado la vida en las últimas décadas.

La presencia de unas tinajas, no muy grandes, nos sirve para recordar otra estancia característica de las casas manchegas: el jaraíz. Las estrechuras del acceso nos han impedido colocar grandes tinajas, de las que todavía se conservan bastantes y buenos ejemplares en la localidad, aunque cada vez van desapareciendo más de nuestros pueblos por rotura o deterioro o por ser malbaratadas a caprichosos coleccionistas que se aprovechan del desinterés y desinformación de sus dueños. Los habitantes de Campillo siguen colaborando con el museo y nos ofrecen sus enseres, herramientas y utensilios ya sin uso, como ese antiguo sillón de barbero al que, incluso, se transportaba a lomos de caballería hasta los pueblos vecinos para atender con más comodidad a quien necesitaba los servicios del peluquero.

Sala Cuarta: Etnología 

Vamos a entrar ahora en la sala o corredor dedicado a las cuestiones etnológicas. Lo hemos dividido en pequeños apartados temáticos y característicos de la forma de vida de las gentes de otras épocas.

Siempre de izquierda a derecha, empezaremos con el dedicado al azafrán, su cultivo y comercialización, al llamado “oro rojo” o “el oro de los pobres” que, tradicionalmente, se ha venido produciendo en Campillo de Altobuey y era considerado como uno de los mejores de España por su calidad. Aquí puede encontrar el curioso viajero los cestos de esparto para recoger la rosa del azafrán al amanecer, cedazos para tostarlo en las ascuas de la lumbre, ponderales de varios tipos para pesarlo, herramientas agrícolas para rastrillar o dar humo a los topos, cajas de hojalata litografiada para su venta y exportación, a veces a países tan alejados como la India, en cuyo caso se adornaban con dioses del panteón hindú (Ganesa, Karuna, Nuestro Señor Krishna…) y la descripción e información sobre el producto se hacía en sánscrito. Todavía puedes adquirir azafrán en las tiendas del pueblo y con marca amparada bajo la Denominación de Origen La Mancha.

Te encontrarás a continuación con enseres de los que se utilizaban en la matanza del cerdo, muy importante para tener asegurado un invierno bien abastecido de viandas chacineras. Descubre por ti mismo la variedad de piezas usadas en estas labores, embutidores, capoladoras, lebrillos, etc.

Sigue otra sección dedicada al aceite, el llamado “oro líquido”, muy importante en la vida de las gentes de antaño, con una estupenda colección de aceiteras, de barro y de metal, medidas, alcuzas, una redina y las llamadas en Campillo “cacharras” o cantimploras metálicas de cierre bien seguro para llevarlas al campo y evitar el derramamiento accidental del valioso aceite. Has de saber, amigo visitante, que las alcuzas de alfarería que llenan el conjunto son piezas del siglo XVIII salidas de los hornos de las alfarerías campillanas, documentadas al menos desde ese siglo y teniendo constancia de los nombres de varios alfareros que trabajaban en esa época en Campillo, lo que no suele ser muy frecuente hallar en otros lugares de producción alfarera.

Cuenta el museo con más de cuatrocientas piezas de alfarería, aparecidas como relleno en las bóvedas de las capillas durante las obras de restauración llevadas a cabo en el convento hace unos años. Algunas de estas piezas estaban deterioradas, eran desecho de los maestros alfareros, pero bastante completas algunas de ellas, como las que ves aquí, y que los frailes aprovecharon para rellenar huecos en las bóvedas por su poco peso y notable resistencia. Nada se tiraba, todo se aprovechaba y se le daba una segunda vida útil. Su tipología es muy numerosa, pudiendo encontrar orinales, lebrillos, escudillas, ordeñadores, pucheros, cántaros y un largo etcétera.

La alfarería de Campillo, sus ollerías, han venido a enriquecer el panorama cerámico y alfarero conquense, centrado fundamentalmente en los talleres de la propia capital, Cuenca, en Priego y Mota del Cuervo, pero a ellos se han de añadir las alfarerías de Campillo y Barchín del Hoyo, e incluso las de Utiel y Requena, ahora pertenecientes a Valencia, pero históricamente fueron también poblaciones conquenses.

Piezas de alfarería conservadas en el Museo de Campillo, s. XVIII y XIX

La cosecha del cereal y de las legumbres tenía en la era su lugar idóneo para obtener el grano necesario en la alimentación de personas y animales domésticos. Cribas, areles, horcas, palas, rastrillos, hoces, zoquetas, dediles y otras herramientas pretenden recordar los duros trabajos que precisaba la subsistencia humana en otros tiempos. Asimismo, podrás identificar diversas herramientas para las faenas del campo, como un pequeño arado, del que tiraría un borriquillo o incluso alguna persona, e igualmente puedes recrearte en la sección dedicada a la apicultura, con colmenas de corcho o de troncos vaciados, enseres usados en la obtención de la miel y otros artefactos de uso entre los pastores y colmeneros, colodras, abarcas, morrales, moldes queseros, etc.

A continuación, en la siguiente sala, puedes contemplar otro audiovisual, de unos diez minutos de duración, filmado en blanco y negro, en el que un grupo de artesanos y agricultores te contarán su experiencia y conocimientos en oficios y labores ya desaparecidos, fabricación de tejas, confección de cedazos, alfarería campillana, el oficio del herrador, el de pastor, agricultor y otros que nos trasladan a otras épocas y nos muestran las soluciones aportadas por la gente del pueblo a las necesidades que se les presentaban.

La línea de vitrinas que sigue te mostrará objetos curiosos usados en los juegos populares, bolas, rejas de arado, piezas que fueron de uso común en las casas de antaño, ya obsoletas, pero que aún nos transmiten una lección de vida.

También podrás ver otras piezas que tienen relación con actividades cotidianas, como el aseo personal y la higiene.

También piezas de oficios tan emblemáticos en nuestros pueblos como el del herrero, el alfarero, el herrador, el picapedrero o el espartero. Cada uno de estos oficios o labores tienen dedicada una pequeña sección, con piezas para ilustrar el trabajo que llevaban a cabo. Hay morteros para hacer el ajoarriero, uno de los platos señeros de la gastronomía campillana, tuberías que los alfareros hacían para los desagües domésticos y para el riego de las huertas, botijos, orzas, etc., así como piezas muy curiosas salidas de las manos de los picapedreros, el brocal de un pozo, la pesa del antiguo reloj de la torre, un mortero para moler las especias, procedente de una de las antiguas abacerías del pueblo , una pesa dedicada a pesar el trigo, la cebada, la sal, etc. e incluso un bolaño o bala de cañón hecha en piedra y aparecida al realizar unas obras en la casa de mi propia familia.

La sección dedicada al esparto nos dará muestra de su importancia en la vida y los quehaceres de nuestros abuelos, con botellas y garrafas forradas de pleita para protegerlas, mazas de carrasca para picar el esparto, vencejos para atar los haces de mies, etc.

Sala del Trasaltar: Arqueología industrial

En tu recorrido por el convento, detrás del altar mayor de la iglesia te encontrarás con una amplia sala ubicada donde estuvo el cementerio de los frailes agustinos recoletos, en la planta baja, y en un piso superior el camarín de la Virgen de la Loma, patrona de Campillo y titular del convento construido por los agustinos. Estancias desaparecidas desgraciadamente y que desvirtúan la lectura arquitectónica de esta parte del edificio, irreconocible e ininteligible a no ser que alguien informado te lo cuente.

Pues bien, en este diáfano salón hemos instalado una pequeña sección dedicada a la arqueología industrial, motivado por la carencia de espacio suficiente en los tránsitos donde están las secciones de etnología e historia, y por esta razón se usa la zona como espacio de crecimiento del mismo.

Se ha recreado una antigua fragua, con paneles de herramientas y productos de forja, así como también se han instalado unos grandes fuelles fechadas en Inglaterra, en la ciudad de Birmingham, el año 1912.

Es de destacar el panel donde se muestra una colección de compases, de tipología variada, que eran usados, por herreros, aperadores, picapedreros, etc. en la realización de sus trabajos. 

Panel de compases

Hay también una rica colección de grandes clavos realizados por los herreros de Campillo en el siglo XVIII, recogidos de las vigas de las cubiertas que fue necesario restaurar hace unos años.

Junto a esta fragua puedes recrearte contemplando antiguas máquinas, sencillas pero eficaces, unas para fabricar la Torta de la Virgen, un exquisito turrón de Campillo cuya fabricación tenemos documentada ya en el siglo XVIII, otra máquina sirve para pelar almendros, otra para tratar la paja con la que hacer sombreros, varias máquinas de coser domésticas y otras de zapatero, que con toda seguridad te transportarán a otras épocas y que han sido donadas por la gente del pueblo.

Piedra de afilar al agua

Máquina manual para pelar almendros

Si te das un paseo por esta amplia sala podrás ver otras piezas que la generosidad de los campillanos nos ha hecho llegar para su exposición, como una gran criba manual para limpiar las lentejas que se cosechaban y se siguen cosechando en Campillo, un banco para la fabricación de queso, una mesa para la matanza del cerdo, sacar la rosa del azafrán o enjalbegar,  y otra mucho mayor procedente de un horno de pan cocer de la localidad, antiguas fotos, etc.

Máquina para batir la torta de la Virgen. Le falta la caldera de cobre en la parte de abajo. Se batía todo y la pasta se iba pasando a la siguiente máquina, con una pequeña tolva y rodillos de granito para hacer las pastillas o tabletas de turrón.

Máquina para trabajar la paja para hacer sombreros, y máquina para hacer el turrón conocido como «Torta de la Virgen».

No olvides fijarte en el grandioso arco medieval, de medio punto, donde todas sus dovelas tienen las marcas de los canteros que las fabricaron. Arco perteneciente sin duda a aquella primitiva ermita donde se le rindió culto a la Virgen de los Ángeles, patrona de los caminos y de los caminantes, advocación luego sustituida en los fervores de los campillanos por la Virgen de la Loma, aparecida en la toma de Cuenca por Alfonso VIII el año 1177 y regalada por el rey castellano al noble aragonés Diego de Jaraba por su ayuda en la guerra contra los musulmanes. El capitán Jaraba trajo la imagen a Campillo, donde había recibido abundantes tierras y donde fue utilizada la Virgen como elemento de repoblación y medio de constituir un polo o foco de atracción espiritual en medio de caminos muy transitados a lo largo de los siglos.

Despedida

Esperamos, amigo visitante, que hayas pasado un buen rato y que te haya hecho ilusión reencontrarte con objetos y saberes que pertenecieron a la vida y costumbres de nuestros abuelos. Quizá tú también poseas alguna de estas piezas, o de características similares. Si es así, cuídala, estúdiala, haz partícipes a los demás de su conocimiento, porque son depositarias y transmisoras de la ancestral sabiduría de nuestros antepasados, aunque su valor crematístico sea escaso o nulo.

Si así lo deseas, puedes hacernos llegar tus comentarios y sugerencias. Los tendremos en cuenta en la medida de nuestras posibilidades, que no son muchas, porque como ya habrás comprobado por ti mismo, este es un museo donde ha habido más corazón que medios. Pero es un primer paso, muy importante, que esperamos avance hacia el futuro y mejore con él.

Si te ha gustado el museo, habla de él a tus amigos y familiares, sugiéreles su visita, que vengan los niños para oír de tus labios la explicación de las formas de vida de antaño. Haz en comentario en Google Maps o Tripadvisor. Tu recomendación será nuestra mejor publicidad.

Gracias por tu visita a este museo de Campillo de Altobuey. Feliz viaje de retorno y vuelve cuando quieras. Campillo siempre te recibirá con los brazos abiertos.

Aquí tenéis una galería con más fotos de la colección del museo:

Agradecimientos al historiador Santiago Montoya Beleña por los textos y a José Luis Mazcuñán por las fotos.

3 comentarios en «Museo Histórico y Etnológico de Campillo de Altobuey»

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