Los Cevallos: Una familia de organeros campillanos

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Hubo un tiempo en el que Campillo de Altobuey tenía fabricantes de órganos, esos espectaculares instrumentos musicales que servían para enaltecer el culto divino. Los organeros tenían un poco de músicos, de escultores, de entalladores, de carpinteros y de ebanistas, todo necesario para la realización, montaje, afinación y mantenimiento de los órganos. Debían contar con una pericia especial para hacer sonar semejantes tramoyas, cuyas voces se habrían de equiparar a las de los ángeles en las manos de un buen músico organista.

La iglesia de Campillo contó con un gran órgano barroco, a tenor de las dimensiones que tenía la tribuna del coro donde se ubicaría. Ese coro barroco fue destruido hacia 1970-73, con la intención de alargar la nave central de la parroquia y, por lo tanto, somos muchos los que aún recordamos cómo era aquel coro, con una grandiosa reja de barrotes torneados de madera. Hoy no se permitiría llevar a cabo ese destrozo. En mis investigaciones sobre la historia y el arte de Campillo encontré en un archivo de Cuenca una carta de nuestro antiguo párroco, Don Julián Briz, una carta muy triste donde el pobre hombre, acabada la guerra civil, pedía permiso al obispado para vender como chatarra el metal de los tubos del órgano de la iglesia y con el dinero obtenido poder arreglar el tejado y adecentarla un poco, porque había sido usada en la contienda como pajar y garaje y estaba muy averiada.

En el convento agustino también sonó la música del órgano, y no de uno, sino de varios, según atestiguan los documentos históricos.

Y debían ser de muy buena calidad, cuando a raíz de la desamortización de Mendizábal (1835) y la marcha de los frailes, el párroco de Ledaña se apresuró a pedirlo para instalarlo en su parroquia. Son solo dos ejemplos cogidos a vuelapluma para recordar la tradición organera de Campillo en siglos pasados, donde brilló con luz propia la familia de los Cevallos (o Zavallos, que de varias maneras y ortografías se halla escrito el apellido), campillanos dedicados a fabricar órganos.

Era una saga de organeros (no organistas, en principio) de la que al menos se conocen los nombres de cuatro de sus miembros. Son Gaspar de la Redonda Cevallos, su hijo Lucas de la Redonda Cevallos, el hijo de este último y del mismo nombre, Lucas de la Redonda Cevallos, y el último de la saga, llamado del mismo modo, Gaspar de la Redonda Cevallos, quizá también hijo del mayor de ellos, o biznieto: padre, hijo, nieto y biznieto trabajando en la organería.

Los historiadores del órgano han señalado la existencia de tres focos importantes de fabricación de estos instrumentos musicales, que son los de Toledo, Madrid y Cuenca, documentados al menos desde el siglo XVII y especialmente en el siglo XVIII. En otros pueblos de Cuenca se conoce desde antiguo esa artesanía musical; es el caso de Buendía (donde había hasta ocho organeros apellidados Martínez en el siglo XVII) o Priego, Villalba, Pineda, Sisante, Mira, Fuentes, Villanueva de la Jara y tantos otros.

Fueron obras de los Cevallos el órgano de la iglesia de Castillejo del Romeral (1759-61), el de la iglesia de la Puebla del Salvador (creo que destruido en la guerra civil), el de la iglesia de Belmontejo y, posiblemente, el de Paracuellos de la Vega, del que todavía se conserva la caja y el secreto.

El más joven de los Cevallos trabajó en la construcción del órgano grande de la catedral de Jaén, con Fernando Antonio de Madrid (luego trasladado a Cuenca) y, a su marcha, lo sustituyó como organero catedralicio de Jaén el joven Cevallos.

órgano grande de la catedral de Jaén

Del mismo modo, fue también obra suya, en 1797, el órgano de la Santa Capilla de San Andrés de Jaén, del que aún se conserva buena parte.

Órgano de la Santa Capilla de San Andrés de Jaén

Y finalmente, también fue el artífice del magnífico órgano de la población manchega llamada Torre de Juan Abad, que perteneció, o en buena parte, al escritor Francisco de Quevedo y Villegas. Lo construyó en el año 1763 y ha sido restaurado en el 2001 por el organero francés Alain Faye, aunque quizá sea mejor decir que le realizó una puesta a punto, porque conserva casi un 99% de material antiguo original, o lo que es lo mismo, que prácticamente está completo y es una pieza histórica de muchísimo valor.

En el contrato, el artesano de Campillo dice lo siguiente: «…yo, Gaspar de la Redonda Zeballos, Maestro organista, vecino de la villa de Campillo de Alto Buey del obispado de Cuenca, y estante en esta de la Torre de Juan Abad, que me obligo a labrar, construir, conducir y sentar para la Iglesia Parroquial de ella un órgano que ha de constar y contener los registros siguientes…”, por lo que cobraría 7.000 reales de vellón. La caja y la tribuna la haría el entallador de la Torre, Cristóbal García Hidalgo, por la que cobraría 3.000 reales. Estamos, pues, ante un instrumento musical de inmenso valor histórico y artístico, prácticamente completo y pieza única en Castilla-La Mancha.

En el Archivo de Campillo se custodia la partida de matrimonio de Lucas de la Redonda Cevallos, del año 1722, y en ella se dice que es hijo de Gaspar de la Redonda Cevallos (ya fallecido en esas fechas) y de Ana González, naturales de Valladolid. Lucas se casó con Micaela Real Martínez, también vecina de Campillo. Los casó y veló el cura Don Francisco Garrido y Moya, destinado en Campillo por entonces. El hecho de que todos ellos se llamen “de la Redonda», que no es apellido, según creo yo, me lleva a pensar alguna relación u origen de la familia en Logroño, cuya patrona es Nuestra Señora de la Redonda, a la que los Cevallos tendrían una especial devoción y por eso mantuvieron este nombre en el suyo. También existe la advocación de Nuestra Señora de la Redonda en algún pueblo toledano, aunque entendida como Nuestra Señora de la O, y puede que el nombre venga de por ahí.

De momento esto es lo que conocemos de esta saga de organeros campillanos, que no es mucho todavía, pero considero que es un capítulo del máximo interés e importancia para la historia del pueblo. Esperemos que a no tardar mucho algún joven historiador campillano se anime y se decida a llevar a cabo un estudio profundo sobre los organeros de Campillo y sobre la práctica de esta artesanía en la localidad.

Están resurgiendo de nuevo las profesiones de constructores de instrumentos musicales, luthiéres sobre todo, y de Francia han venido a nuestro país numerosos restauradores de órganos antiguos, que trabajan en Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana, e incluso Castilla La Mancha.

Restauración órgano de Cardenete

Acuden a cualquier punto del país del que se les llame y reclame su habilidad y experiencia para poner de nuevo en funcionamiento órganos históricos antiguos, como ha sido el caso del vecino pueblo de Cardenete y podría ser el de Paracuellos.

Trabajo no les falta y se ganan muy bien la vida, y en estos momentos de tanta penuria laboral no se pueden desdeñar yacimientos de empleo como este, tan maravillosos y tan enraizados en la historia y en el arte.

Santiago Montoya Beleña

Campillo 2010

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