El simbolismo trinitario en una pintura del siglo XVI de Campillo de Altobuey

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(Texto de la conferencia impartida por Santiago Montoya Beleña el 18 de noviembre de 2022 en el X Congreso dedicado al Lenguaje de los Símbolos para conmemorar el Día Mundial de la Filosofía, en el salón de actos de Ítaca, Escuela de Filosofía, de Valencia. Con la colaboración del Centro Valencia Mediterráneo, miembro del Movimiento de Clubes y Organizaciones de la Unesco).

Introducción

Buenas tardes. Gracias por venir y gracias por haberme invitado a participar en estas conferencias para celebrar el Día Mundial de la Filosofía, este año dedicado al lenguaje de los Símbolos, al Simbolismo y al mundo de los Símbolos en general. Cuando me hicieron llegar la invitación para estar hoy aquí, también me hicieron llegar, y supongo que a todos los participantes, un listado, muy amplio, de posibles temas, alguno tan sencillo como la definición de qué es un símbolo y otros más complejos como el símbolo como recurso filosófico, el arte como símbolo, símbolos arquetípicos, mandalas, símbolos alquímicos y un largo etcétera de posibles temas a desarrollar, más de una treintena.

Y lo primero que me vino a la cabeza es que en los estudios universitarios de Historia del Arte, de Arqueología y de otras especialidades históricas, no había ninguna asignatura dedicada a los símbolos. Y lo digo porque allá por los ya lejanos años noventa del siglo pasado, tuve la oportunidad de participar en la confección del nuevo plan de estudios en Historia del Arte de la Universidad de Valencia. La verdad es que no tuvimos mucha capacidad de maniobra y había mucha imposición de asignaturas, aunque eran las clásicas de toda la vida universitaria. Así, había asignaturas troncales del Ministerio, intocables, asignaturas troncales de la Facultad de Geografía e Historia, asignaturas troncales del Departamento de Historia del Arte, y eran, como digo, las habituales de todo el desarrollo curricular: Historia del Arte Antiguo y Medio, Historia del Arte Clásico, Historia del Arte Barroco, etc. etc. Y junto a esta troncalidad había un cajón para las asignaturas optativas, y ahí fue donde metimos, sin exagerar nada, unas doscientas asignaturas, con lindezas como Relojes y Carillones, Castillología, Orfebrería, etc., pero tampoco recuerdo que hubiera una zambullida en el mundo de los símbolos. Desconozco cómo está ahora mismo el plan de estudios, espero y deseo que haya habido cambios notables en este sentido, aunque no creo que se hayan producido muchos e importantes por la propia endogamia que viene sufriendo la Universidad desde hace años.

¿Y no había nada de simbolismo? Pues en honor a la verdad he de decir que sí, algo había y se colaba en los planes de estudio a través de los cursos de doctorado, entre los que recuerdo haber cursado alguno sobre los símbolos en las culturas del Mediterráneo, por ejemplo, o a través de los cursos de verano de las más prestigiosas universidades nacionales.  Y, por lo menos en Valencia, fue decisiva la llegada como catedrático de Historia del Arte del Dr. Santiago Sebastián, a través del cual nos llegó el método iconográfico-iconológico para el estudio de las obras de arte. El profesor había estudiado en Alemania y en Inglaterra y conocía la producción bibliográfica de Panofsky, Gombrich y Emile Mâle, por ejemplo, y su manera de enfrentarse a la obra de arte, superando el formalismo tradicional, muy descriptivo, pero poco profundo.

Estos autores eran prácticamente desconocidos en España por aquellos momentos y nuestras bibliotecas estaban huérfanas de sus libros. La aplicación del método iconográfico-iconológico implicaba una profunda cultura clásica, de Historia de las Religiones, Antropología, cultura popular, todo, no se desperdiciaba nada, viniera de donde viniera, que pudiera aportar un poco de conocimiento más completo de la obra de arte, y por ahí entró el esoterismo, los repertorios de símbolos, los emblemas, la eucología, las tradiciones, etc. etc. la verdad es que en aquella época fue como una bocanada de aire fresco y a muchos nos agradó todo ese mundo. Se creó la Sociedad Española de Emblemática, que organizaba sesudos congresos y publicaba los libros de actas de sus reuniones, se produjo un contacto entre especialistas de otras materias, historiadores de la Literatura, teólogos, psicólogos, etc. que enriquecieron más el panorama, al menos en la Historia del Arte, podemos decir que hubo interdisciplinariedad. Con Santiago Sebastián acudíamos a obras de Alquimia, libros de emblemas, iconografía medieval, en fin, cosas raras, diríamos entonces, donde los símbolos siempre estaban presentes y la mirada y el acercamiento a las obras de arte cobraba nuevas dimensiones.

Bien, pues con Santiago Sebastián estudié yo la obra que les voy a mostrar y la dimos a conocer en la revista Ars Longa que editaba y edita todavía el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valencia. Vamos a ver cómo los símbolos y su mundo están presentes en los sitios más insospechados y en poblaciones pequeñas o grandes ciudades, es cuestión de saber mirar, de hacerse preguntas de todo y por todo, y de conseguir respuestas enriquecedoras y profundas, es decir, tener inquietudes y no conformarse con cualquier respuesta, extraerles a los símbolos toda la carga de sabiduría que guardan unas veces y manifiestan otras, nos demos cuenta o no.

Simbología en la ermita de la Santísima Trinidad de Campillo de Altobuey

Yo les voy a hablar de algún símbolo encontrado en una pintura de una ermita no demasiado grande, del siglo XVI, ubicada en una pequeña población de la comarca de la Manchuela conquense, llamada Campillo de Altobuey, nombre de origen árabe, de unos mil trescientos habitantes, lo que no le ha privado de contar con algo simbólico que espero les resulte curioso al menos. En una gran ciudad como Valencia, obviamente hay más símbolos por ahí repartidos, pero hay que saberlos buscar y encontrar y descubrir su mensaje. Recuérdenme que al final les ponga algunos deberes de búsqueda o comprobación de símbolos, alguno de los que, hace muchos años, le supuso a esta casa o institución organizadora de la reunión algún dolor de cabeza que otro, ya superado por fortuna, creo yo.

Ermita de la Santísima Trinidad, o del Padre Eterno, s.XVI (1585). Campillo de Altobuey, Cuenca

Les voy a mostrar algunas imágenes para que se sitúen mejor en el espacio y en el tiempo. Como les he dicho antes, se trata de una ermita de finales del siglo XVI, consagrada el año 1589 por un obispo irlandés, don Cornelio de Buil, que andaba por Cuenca ayudándole al ordinario de la diócesis, el obispo don Juan Fernández Vadillo. ¿Qué haría aquí el prelado irlandés, por qué había venido a Cuenca y por qué el obispo conquense le mandaba hacer trabajos extras, como esta consagración de la ermita campillana?

No está muy clara su presencia, pero quizá fuera por asuntos de guerras de religión o cualquier otro problema político y porque la mitra conquense era en aquella época una de las más ricas de España, por sus posesiones de ganados, bosques, molinos, tierras, etc. que la hacían tan apetecible a los segundones por sus bien nutridas rentas, como las de Burgos, Segovia, Toledo, etc.

Ermita de la Santísima Trinidad, o del Padre Eterno, s.XVI (1585). Campillo de Altobuey, Cuenca

El tal don Cornelio de Buil era obispo de la ciudad irlandesa de Lymerick, por donde pasa el río Shanon, y su dedicación o consagración de la ermita comentada nos ha aportado una cronología indubitable, aparte de que también se han conservado los contratos para llevar a cabo las pinturas por los artistas que las realizaron. En un libro de cuentas del siglo XVIII, alguien tuvo la feliz idea de prender en la cobija primera un retazo de pergamino, un cuadradito donde se halla escrita la fecha de la consagración y la persona que la llevó a cabo.

Esta ermita está dedicada a la Santísima Trinidad, aunque popularmente se conoce más como ermita del Padre Eterno, es decir, la primera persona de la Trinidad. Fue levantada por canteros vascos y montañeses que en cuadrillas volantes o itinerantes recorrían la región, y conocemos muchos nombres de estos canteros, aunque sobre su autoría en la ermita no sabemos nada. Se levantó en lo que se llaman arrabales de crecimiento en la población, el Coso y Cantarranas, donde encontramos numerosos talleres u obradores de alfareros, con nombres y apellidos de los mismos, lo que no es frecuente hallar en estas artesanías, ya desde el siglo XVIII. Les voy a recordar que desde la Alpujarra se deportaron por aquella época numerosos judíos, conversos o no, y moriscos, que se instalaron en la comarca y que para ganarse la vida ejercieron sus oficios o se dedicaron a lo que sabían hacer, alfareros, carpinteros, arrieros, orfebres, etc. También les voy a recordar que las religiones hebrea, musulmana y cristiana, son monoteístas y por lo tanto creen en un Dios único y creador, un Dios Padre o Padre Eterno, como he dicho que se conoce esta ermita. Y la Santísima Trinidad, el Dios Padre Eterno, es el patrón de los alfareros, que lo tenían en su barrio. Hay un verso popular que así lo reconoce y que dice de esta manera:

Arte muy noble y bizarro,

entre todos el primero,

pues en las artes del barro

Dios fue el primer alfarero

y el hombre el primer cacharro.

Vamos encajando las piezas de este puzle para explicar lo que más adelante les diré y les enseñaré. Y sigo diciendo que la ermita de la Santísima Trinidad, o del Padre Eterno, de Campillo, no tiene la orientación Este-Oeste, que es lo más habitual en las iglesias cristianas, está enclavada en un cruce de caminos y tiene las puertas con cruces cajeadas, por donde cruzan las procesiones de Semana Santa sobre todo.

Pero también existía en la población una cofradía de la Santa Vera Cruz y de la Preciosísima Sangre de Cristo. En Requena también tuvieron una cofradía de la Vera Cruz, de las más antiguas de España, y estaba formada por conversos, moros o judíos, que es una buena información, pero en esta localidad conquense está documentada la existencia de procesiones de disciplinantes, que se flagelaban duramente la espalda en la procesión de Viernes Santo, igual que en el pueblo de San Vicente de la Sonsierra donde tiene lugar la procesión de “Los Picaos”, hoy convertida en una atracción turística.

La Inquisición no les quitaba el ojo a los conversos y a la mínima los encerraba, los mataba o les incautaba sus posesiones Y supongo yo que estas cofradías constituidas por conversos se arreaban esas tremendas palizas para que la Santa Inquisición no dudara de su sinceridad en la conversión. ¿Cómo no va a ser un buen cristiano, sincero, alguien que se disciplina de manera tan cruenta y dolorosa? Esto sucedía una vez al año, y la Inquisición dejaba de molestarlos, ya no se metía con ellos, y así podían reunirse sin problema, sin levantar sospechas de judaizantes o marranos y realizar sus ritos y sus oraciones. Es una hipótesis, pero con visos de realidad, creo yo, y nos aporta alguna información y explicación al símbolo que vamos a ver enseguida.

Ermita de la Santísima Trinidad, o del Padre Eterno. Interior

El artesonado de la cabecera del templo, del ábside, se adorna con estrellas de ocho puntas, moriscas, y la iglesia parroquial de la localidad tiene un grandísimo artesonado del que los Libros de Fábrica nos dicen que está hecho “a la morisca”. Bien, el retablo de la ermita es una obra perfectamente documentada por el hallazgo de los contratos firmados por los autores y el mayordomo. Los autores son Hernando de Mayorga y Miguel Guijarro, artistas poco conocidos todavía pero que se mueven en la órbita de Bartolomé Matarana, el genovés autor de las pinturas de la iglesia del Colegio del Patriarca de Valencia, con sus estilo quizá demasiado grandilocuente y un colorido un poco agrio y vinoso, de pincelada restregada. Matarana vino a Cuenca, trabajó allí y recibió encargos como este de Campillo, que si le convenía lo subcontrataba o los daba a pintar a artistas como los que acabo de mencionar, uno de ellos originario de la propia localidad, Miguel Guijarro. No son demasiado buenas las pinturas, aunque se notan varias manos y hay diferencias de calidad notables entre algunas de ellas.

Ermita de la Santísima Trinidad, o del Padre Eterno. Retablo Mayor. Autores: Hernando de Mayorga y Miguel Guijarro.
S.XVI
Tabla de la Resurrección. Ermita de la Santísima Trinidad, o del Padre Eterno. Retablo Mayor. Autores: Hernando de Mayorga y Miguel Guijarro. S.XVI

Y ya vamos llegando a la pintura que más nos interesa del conjunto y al símbolo que quiero mostrarles. Cuesta llegar a los símbolos y más descifrarlos. La Santísima Trinidad es uno de los dogmas más abstrusos de la religión cristiana, y más difícil de explicar a la gente indocta de la época, que no sabían ni leer ni escribir, y a muchos curas les pasaba lo mismo. Por lo tanto hay que buscar algo que de forma sencilla, rápida y de un solo golpe de vista explique y enseñe algo que de otra manera sería difícil de explicar.

Tabla de la Trinidad. Ermita de la Santísima Trinidad, o del Padre Eterno. Retablo Mayor. Autores: Hernando de Mayorga y Miguel Guijarro. S.XVI

¿Cómo encaja aquello que muchos estudiamos en la escuela, en Historia Sagrada o en el Catecismo? ¿Cómo una “cosa” puede ser una y tres a la vez ? Lo que nos decían en la escuela, que Dios es Uno en esencia y Trino en persona. ¿cómo puede ser así? Y para solucionar el enigma nada mejor que recurrir al símbolo, del que cada uno va a coger y va a entender aquello que es suficiente para su conocimiento, evolución y crecimiento personal.

La primera vez que vi las pinturas me quedé gratamente sorprendido, pero más todavía cuando la mujer que nos enseñó la ermita nos dice que sí, que el cuadro de la Trinidad es ese que teníamos ante nuestros ojos, pero que el Padre Eterno (como popularmente se conoce a la ermita) es una pequeña imagen del Niño Jesús allí custodiada. Es decir, el Niño Jesús como Padre Eterno, la segunda persona de la Trinidad presentada como si fuera la primera persona, Dios Padre, el Padre Eterno.

Imagen del Niño Jesús como Padre Eterno. Ermita de la Santísima Trinidad, o del Padre Eterno. Malinas. S.XVI

Luego descubrí que es una doctrina teológica muy extendida por muchos pueblos vecinos de la comarca que tienen al Santo Niño como patrón de su localidad. Y en uno de ellos, Valverde del Júcar, celebran fiestas al Santo Niño a primeros de enero, pero son fiestas de moros y cristianos, como las famosas de Alcoy a San Jordi, para que me entiendan, pero aquí el protagonista es el Santo Niño convertido por lo que les voy contando en Padre Eterno. Y la procesión que llevan a cabo es chocante. Hablan los moros a procesión parada y el Niño en andas, sueltan sus soflamas en contra de los cristianos y les ganan la batalla, bajan las andas al suelo y al Niño, que lleva un casco de soldado cristiano, se lo quitan y le ponen un turbante de moro, el Niño Jesús de moro, el Padre Eterno, el Alá, Dios único para los musulmanes. Sigue la procesión, y van recitando los “dichos”, las poesías, y ahora ganan los cristianos, y el Niño Jesús al suelo para cambiarle el gorro o turbante de moro por el casco de soldado cristiano, y así varias veces. Al final ganan los cristianos, claro está, los moros se convierten y le quitan el turbante al Santo Niño. ¿Pero qué tradición es esta?

Tocados de la Imagen del Niño Jesús como Padre Eterno. Ermita de la Santísima Trinidad, y Museo Municipal. S.XVIII.
Banderola de la Imagen del Niño Jesús como Padre Eterno. Museo Municipal, s.XVIII.

Cuando acabé mi estudio, antes de publicarlo, se lo di a leer a un canónigo de la catedral de Valencia amigo mío, le dije que lo leyera por si se me había colado algún sinsentido teológico, algún error, y me dijo que lo encontraba todo perfecto, que encajaba todo muy bien, que la apoyatura teológica era correcta y la explicación también.

Bueno, pues seguimos cercanos a la herejía. Esta imagen del Niño Jesús o Padre Eterno allí existente es del siglo XVI y viene de la ciudad de Malinas. Si recuerdan la novela de Miguel Delibes, El Hereje, explicaba que las carretas y galeras de lana salían de Valladolid hacia Flandes, y a la vuelta, como eran viajes caros, largos y que había que rentabilizar, venían cargados de otros productos para comerciar, llegaron muchísimas de estas imágenes, pero, además, camuflados en barriles llegaron muchísimos libros luteranos y heréticos para atender, entre otros, el foco luterano de Valladolid, desviados y herejes para la Inquisición. ¿Cómo llega este Niño Jesús a un pequeño pueblo de Cuenca, cómo o qué explica su presencia en una ermita dedicada a la Santa Trinidad? Vaya usted a saber, no existe documentación.

Una pintura así, un encargo tan raro, con este símbolo trinitario, debió tener detrás un mentor, un conaisser, un teólogo, alguien formado que sabía lo que encargaba y lo que pretendía. ¿Y de dónde procede este símbolo triangular? Pues nada más y nada menos que de la Alquimia, del mundo alquímico, hecho llegar de la manera más sencilla, es como un resumen de estos otros, al que han aligerado en su presentación, que no necesitan letras o inscripciones aclaratorias, porque no saben leer y no les hace falta más que la imagen. Vamos a leer las inscripciones: Pater non est Filius; cierto. Filius non est Spiritus Sanctus; cierto. Spiritus Sanctus non est Pater; cierto. Es decir, tenemos a las tres personas distintas que forman la Santísima Trinidad. Pero también tenemos a un solo Dios verdadero. Es decir, Pater est Deus, claro que sí. Filius est Deus, también. Spiritus Sanctus est Deus, no menos cierto. Por lo tanto tenemos completo lo de Uno en esencia y Trino en persona.

Y fíjense lo que vemos arriba, una Trinidad trifacial, herética y monstruosa, tres caras, tres rostros en una única cabeza. La mayoría de estas imágenes fueron hechas desaparecer por la Iglesia, pero algunas se salvaron, y se extendieron también por Sudamérica. Y el triángulo lo encontramos colocado en los dos sentidos, vértice hacia abajo, con connotaciones griálicas, o con el vértice hacia arriba, triángulo ascensional o piramidal.

Bueno, pues algo tan complicado de entender y de explicar lo encontramos en una pequeña población, los símbolos están en todas partes, son aquel “Lenguaje Universal” que decía la señora H. P. Blavatsky. Y si esto pasa en una pequeña ermita del siglo XVI, qué no pasará o qué no habrá en un grandioso templo como la Catedral Metropolitana de Valencia, levantada sobre la Mezquita Mayor después de la conquista jaimiana.

Les he dicho que les iba a poner deberes para que busquen símbolos, para que no se pierdan detalles, de nada. Bien, pues vayan a la catedral, entran por la puerta de los Hierros, la puerta barroca, hecha por el alemán Conrad Rudolf, o Conrado Rodulfo para los de casa, se encuentran con el gran cancel por donde entra y sale la Virgen, San Vicente, la Virgen Dormida, etc. A la derecha vamos a la capilla del Santo Cáliz, el Santo Grial. A la izquierda, la subida al Miguelete. Den la vuelta al cancel y en la parte de atrás de las puertas se encontrarán con dos grandes cruces gamadas, la levógira y la dextrógira, de considerable tamaño, y luego me hacen el favor de preguntarse qué hacen esos símbolos allí, del siglo XVIII creo, y aún faltaban muchísimos años para que surgiera el III Reich, de infausta memoria, y la desgracia que todo ello supuso para la humanidad. Desde allí se van a la cercana calle de Cadirers, al lado de la calle Catalans, de grata memoria para muchos de los aquí presentes, y al final de la calle, cerca del Colegio Mayor Rector Peset, al pasar el Palacio Barberá, hay dos o tres fincas del siglo XIX con inmensos portones de entrada para los vecinos, y en los cuadrantes superiores de estas puertas ¿Qué dirán ustedes que hay como elemento decorativo? Sí, lo han adivinado, otra vez tenemos las svastikas, que algún dolor de cabeza causaron a esta institución que nos acoge por los años setenta y ochenta, sin ningún fundamento por lo que yo sé hasta aquí. Hay algún grupo hindú, como los Marguis o Ananda Marga, que anduvieron por Valencia en aquella época, los que para hacer sus ceremonias y oraciones litúrgicas montaban un altarcillo con flores y frutas y lo adornaban con un sol naciente, y dentro la svastika levógira, la buena y positiva, para que me entiendan, y las didis y los dadas, las personas consagradas del grupo, decían que la otra, la mala, no había ni que mirarla, porque decían y explicaban que su sola contemplación era perjudicial para el cuerpo y la mente de los que la contemplaban. Eso decían.

En fin, que sí una vez más, los símbolos están por todas partes, y siempre nos transmiten alguna enseñanza, y lo mismo los encontramos en los yacimientos arqueológicos del Valle del Indo, Mohenjo Daro y Harapa, o en Creta y otras islas del Egeo, o sea, el mismo símbolo en distintas culturas, en distintos países, el mismo lenguaje universal para todos.

Y esto es todo por mi parte. Muchas gracias por su atención.

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